Asturias
San Antolín de Bedón
(Naves, Llanes)
43º 26,281'N ; 4º 52,132'O
Antiguo monasterio benedictino del que sólo se conserva su templo. Dice la
leyenda, que el conde Muñazán, hijo de Rodrigo Álvarez de las Asturias,
estaba enamorado de una bella doncella. El conde intentó seducirla, pero ella
lo rechazó y corrió a los brazos de su novio. Muñazán, cegado por la rabia,
fue a matarlos. Una vez hubo cometido este crimen, el conde se arrepintió de sus
actos y decidió fundar el monasterio, en el que ingresó como monje para
redimir su pecado.
Sea cierta o no la leyenda del conde Muñazán, lo que si que conocemos es que
el monasterio fue fundado a finales del siglo XI. A principios del siglo XIII
el río Bedón, en una de sus habituales crecidas, dañó considerablemente
el cenobio, por lo que fue necesario reconstruirlo. En 1214 se edifica la actual
iglesia bajo las normas del Císter.
Tiene planta basilical de tres naves, cubiertas con madera que desembocan en
un crucero, no destacado en planta. En él se abren tres ábsides semicirculares, mediante arcos triunfales apuntados.
Destaca por su sencillez y la armonía en la distribución de los espacios.
Las naves están separadas mediante pilares rectangulares, en los que se
apoyan los arcos formeros, también apuntados.
El templo mantuvo la condición de parroquial hasta el año 1803, momento en
que fue abandonado. Poco a poco se fue deteriorando, hasta que entre 1955
fue restaurado por en Luis Menéndez Pidal. Posteriormente, en 1999 fue
restaurado nuevamente, dotándolo del aspecto actual.
Es probable que en alguna de estas dos restauraciones se rehiciera la puerta
del muro oeste, por que presenta las mismas características y exactamente
los mismos motivos escultóricos que la del lado sur, pero sin las marcas
del paso del tiempo.
Las dos puertas están construidas en un cuerpo que sobresale del muro. La
del lado sur está formada por seis arquivoltas apuntadas y protegidas por
un guardapolvo. Las arquivoltas descansan directamente en una sencilla imposta
que se apoya en los montantes.
La quinta arquivolta está decorada con unos motivos geométricos a base de círculos.
Protegiendo la portalada hay un pequeño tejaroz, que se apoya en canecillos esculpidos con diferentes figuras humanas y animales salvajes.
Estos mismos canecillos se reproducen en la portalada oeste, si bien en un orden diferente.
Existe una
en cada portalada que no tiene su pareja en la otra puerta. A continuación os
las mostramos emparejadas.
Hay dos diferencias más entre las dos puertas de acceso. En primer lugar no
son seis las arquivoltas, si no cinco las que se construyeron en el muro oeste. A
diferencia de lo que pasa en la del lado sur, éstas se apoyan en cuatro pares de
columnas, que tienen los capiteles lisos.
La excesiva "novedad" que muestran la mayoría de elementos que
forman esta puerta nos hace pensar que la original desapareció y al realizar
las tareas de restauración se tomó como modelo la portalada sur. Esto no es
más que una suposición, que hasta el momento no he podido contrastar.
Corona esta fachada un campanario de espadaña de dos ojos, ligeramente
descentrado respecto al resto del edificio.
Lamentablemente el edificio y especialmente las estancias monásticas que se
mantiene en pie se encuentran en un aspecto lamentable. Al tratarse de una
propiedad privada hace que todavía sea más difícil pensar que se pueda
arreglar adecentar el entorno de este centenario monumento.
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